Hace unos días me contaron una historia muy bonita. Una mujer que, acercándose a unos seminaristas que invitaban a las personas a rezar en una iglesia, entró y oro por una intención especial que llevaba en el corazón.

Pedía la gracia de ser madre. Colocó delante del Santísimo expuesto una notita que decía: deseo si es tu voluntad ser Madre. Un año después de esto, un sábado en el mismo lugar antes regreso con su hijo en la mano para gradecer a Dios la gracia que le había dado.

Es una bella historia de confianza. Hoy en el mundo está centrado en sí mismo que poco a poco ha ido diluyendo el sentido y la comprensión de la virtud teologal de la confianza. Sí, las personas piden algo, pero no lo hacen confiando, lo hace solo pidiendo su deseo sin someter su deseo a lo que Dios quiera.

Cada vez más crecer el sentido individualista. El hombre que pide y pide reduciendo a Dios como una simple máquina de deseos.

Es una cultura, como bien lo menciona el papa Francisco, la cultura de la indiferencia. Es reducir solamente una intención de oración a dar like. Es la cultura de los like de Facebook o los me gusta de otras redes. Hoy te sientes bien si recibiste 200 like por la tontería que subiste a la red.

Si Dios fuera solo dar like que Dios tan reducido nos encontraríamos. Surge ahora una pregunta. Entonces, ¿qué es confiar? He intentado dar una solución a esta pregunta. No es fácil. A nivel filosófico es un concepto análogo. Ósea se puede interpretar en muchos sentidos y como decía Aristóteles: se dice en muchos modos.

 ¿Qué significa confiar en el sentido cristiano de la palabra?

En el sentido teológico, valiéndose de la base filosófica, yo creo que la confianza es aquella que nos hace dar un paso adelante poniéndonos siempre en mano de Dios. Esto es, orar sometiendo lo que digo a lo que Dios quiera. No reduzcamos a Dios a una máquina de Like o de deseos.

Sin duda, la pregunta verdadera sería, ¿qué significa confiar en el sentido cristiano de la palabra? No es fácil. Para decir qué es, se debe partir siempre de una experiencia de vida.

Beato Rolando Rivi

Partamos de las palabras de San Pablo: Todo influye para el bien de los que aman al Señor. Es poner lo que llevamos en el corazón en manos de Dios. No olvidando que la última palabra siempre la tiene Él, porque sabe lo que realmente necesitamos.

Lo dice el mismo San Pablo cuando dice que es el Espíritu Santo quiere con gritos inerrables pide por nosotros porque no sabemos cómo pedir.

Ejemplos prácticos:

Alguno me podría decir: Padre, sí esto es muy espiritual y elevado, denos algo practico. Nuevamente parto que es necesario para comprender pedirla con fuerza para que Dios nos la acreciente y nos haga experimentar.

  1. Lo primero que diría es imaginar que igual que yo hay otras personas que sufren más que yo.

No hay que sentirnos únicos y los más sufridos de este mundo. No. Hay personas que sufren igual o peor de los que nosotros llevamos. Unámonos a ellos con el recuerdo que así podemos ayudar y encomendar el espíritu de cuerpo dentro de la Iglesia.

  1. Hablarlo:

Siempre es muy importante no tener miedo a hacernos vulnerables. Ser capaces de acercándonos a alguien con quien tengamos confianza y decirle lo que llevamos dentro para que él también rece por nosotros.

Éste puede ser un sacerdote o un seminarista. Puede ser escrita o en persona. Lo importante es no cerrarnos y creernos los únicos. Estamos unidos como miembros del cuerpo místico de Cristo. Aquí los medios de comunicación social son muy buenos para hacernos abiertos a los demás orando y confiando en los demás.

Son buenos grupos de oraciones como: católicos unidos en Oración, Rincón de oración, Grupo católico cartoon…

  1. Muéstrale a tu necesidad que no te mortificas demasiado.

No temas o te preocupes mucho por lo que llevas dentro. No te centres solo a pensar en ti. A cada día le basta su propio día. No tengas miedo a darlo todo por los demás. Sal de tu casa, diviértete, comparte. Tomate un momento para ejercitarte. Haz lo que te gusta.

  1. Ora:

No te canses de orar. No cruces las manos pensando que Dios hará todo. Recuerda lo que decía San Benito: ora et lavora. Haz lo que a ti te toca. No esperes que el pan te caiga del cielo. Al contrario, esfuérzate por lucha y por hacer de tu parte en tu problema. Ora como si todo depende de Dios, pero actúa como si todo dependiera de ti.

  1. Por último, pero no menos importante, la devoción a la Virgen María:

Confíale tu necesidad a María. Ella nos conoce muy bien. Acércate a ella. Cuéntale que necesitas crecer espiritualmente, cuéntale que eres débil y que tienes esa debilidad que llevas luchando mucho tiempo. Que necesitas pagar tal cosa. Acércate a ella.

¿Quién como ella conoce las necesidades humanas y puede ser capaz de presentar nuestras necesidad a su Hijo?

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Cursó estudios universitarios en la Universidad Latina de Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México caminándolo en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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