Dios de la teoría paso a ser una verdadera experiencia

Testimonio vocacional del  H. Adrian Olvera, L.C.

Tenía una vida normal, donde todo transcurría cotidianamente. Un niño con 12 o 13 años que soñaba, anhelaba…, buscaba y no encontraba, pues no tenían nombre aquellos deseos que habitaban en mí.

Vengo de una familia muy unida; creo fue ahí donde descubrí que el amor era para mí. No sabía cómo sería, solo sabía que lo quería. Me sentía llamado a algo grande, pero delante de aquellos años nada veía. Pensaba en hacer muchas cosas… pensaba que aquellos deseos encontrarían su descanso en una cancha de futbol, pero… no fue así.

Pasaban los años y aquel sueño parecía tener límite de tiempo; ya con 17 años o más, no veía rumbo… no veía meta; veía que tenía todo, pero sentía que no poseía nada.  Así que decidí comenzar a “vivir” o, al menos eso pensaba. Trate de saciar los deseos de eternidad con copas y botellas finitas, con máscaras de vanidad… con sonrisas que solo permanecían en fotografías, pero no en el mundo real.

¿Qué pasa? – me preguntaba. Las respuestas que encontraba se desvanecían tan pronto las escuchaba. Hasta que un día alguien me dijo algo que solo conocía en teoría. Necesitas a Dios –me dijo una muy buena amiga. Fue una respuesta que iluminó aquel callejón sin salida en donde vivía. Creo fue en aquel momento donde empecé a vivir.

Aquel tiempo fue como el despertar de un sueño. Seguía siendo el mismo, pero ahora era consciente de lo que hacía. Eran las mismas cosas, pero el sabor de ellas había cambiado. Eran ya de un sabor amargo que no se comparaba con aquella respuesta que siempre había buscado.

Estudiaba una carrera, tenía buenos amigos; una muy buena familia…un futuro por delante. Había cambiado la perspectiva de mi vida, pero permanecía la ausencia de algo. Aquella respuesta dada no se podía quedar solo en teoría…tenía que encontrarme con Aquel que nunca negué…con Aquél en el que creía pero que aún no conocía.

Casi sin pedirlo me llegó una invitación. Invitación que intervino directamente en mis planes. Invitación a “dar una semana de mi vida a Dios”. Invitación que humanamente no quería, pero en mi interior sabía que algo encontraría…

En efecto, fue aquella semana donde aquel Dios de la teoría paso a ser una verdadera experiencia y no puedo decir nada más que, verdaderamente me cautivo. Me cautivo pues aquel vacío empezó a tener un sentido…Solo podía ser llenado por Él.

20 años y nada cambiaba en mí… seguía siendo yo. Seguía sin saber a dónde iba, pero ahora sabía con quién iba. Me sentía acompañado en mis caídas… iban sanado las heridas. Encontré nuevos amigos; una persona en donde derramar ese amor. Sin embargo, a pesar de las sonrisas sinceras… hacía falta algo.

No sé cómo sucedió… simplemente pasó. Algo que nunca había pensado de repente se convertía en lo más deseado. Surgió una pregunta de aquellas que uno piensa que nunca se preguntaría: ¿quieres ser mi sacerdote? Quería seguir a Dios; ya lo conocía… ya era alguien en mi vida, pero…

Dudaba que todo esto estuviera sucediendo. Dudaba, no de Dios, sino de mí. Cómo es que alguien como yo pudiera seguir este camino –me decía a mí mismo. Conocía mi vida y los caminos que había recorrido; conocía mi pecado… mi debilidad. Negaba que ese llamado fuera de verdad.

Transcurría el tiempo y continuaba luchando conmigo mismo… trataba de olvidarlo pero se hacía cada vez más intenso… parecía no ser tan complicado. Lo negaba y más se aclaraba… me escondía y más me encontraba; hasta que me rendí… me rendí ante mí mismo y ante Dios… dije sí.

Descubrí que Dios llama no por lo que hayamos o no hayamos hecho; por mérito nuestro. Llama simplemente por amor. Me ha llevado mucho entender esto, pero al final el amor, cuando es sincero, sigue siendo misterioso pero no es del todo complicado.

Aquí estoy… siguiendo a Cristo. Escuché su voz…me dejé mirar y me conquistó… aquí estoy. No era como yo lo había pensado… es incluso más de lo que había pedido. Sin saberlo aquello que deseaba…aquello que pedía…aquel amor que tanto anhelaba… era Él.

 

 

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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