La debilidad del sacerdote y de la persona consagrada

Han sentido una brisa suave de la mañana en una fría jornada de invierno. Han sentido la arena en sus pies. Han sentido escuchar y no querer hablar solo escuchando el susurrar del viento en los oídos. En el consagrado esa es la voz de aquel que lo ha elegido. La voz que escucha es la Cristo. ¿Cuál es el efecto de la elección de Dios en el alma de la persona consagrada?

Lo que podemos decir es que Dios marca el alma de quien elige con un signo que no solo lo hace experimentar las cosas del cielo, sino que ya vive como si estuviera en él. Se cumple lo que Jesús insiste en el evangelio como respuesta a las preguntas mal intencionada de los fariseos: Los que alcancen el cielo ya no tomarán, mujer o varón pues serán como ángeles.

El corazón del consagrado tiene como referencia solo a Dios. Ya no desde el punto de vista de la visión humana, sino que el corazón se vuelve divino con referencia a Dios.

Dios es para el consagrado su único tesoro y la parte de la heredad que le ha tocado. Muchas veces esto es muy criticado en un mundo de hoy. Los consagrados como aquellos que no tendrán familia o quizás como los pobres que no guardan hacia sí mismo son solo hacia Dios. Esto no solo ahora es novedad, sino en antiguo.

Dios mismo cuando hace la elección de las tribus y la distribución de las tierras según los hijos de Jacob, no reservó ninguna para la tribu de Leví. Con sus mismas palabras Dios dice: Yo seré tu heredad.

Así el consagrado hoy no mirara a los bienes de este mundo, pues ha renunciado a ellos. Nos solo desde el punto de vista de la fe, sino por el contrario desde el punto de vista del amor o con referencia al amor. Los consagrados miran en Cristo su único tesoro. Es Dios la parte de la heredad que le corresponde.

Dios es quien consagra al consagrado invitándolo a colocar su mirada y su confianza solo en Dios. Pero analicemos las respuestas de la persona consagrada. Muchas veces vemos consagrados que hemos olvidado esta visión de la propia consagración.

Cuando no se tiene esto claro, se busca compensaciones que traen problemas graves en medio de la vocación o incluso la perdida de la propia identidad como consagrados de Dios y los que debe dar ejemplo de desapego de lo terreno, andamos más apegados a ellos con la excusa de los medios para el apostolado.

Esto se puede comprender por la fragilidad del consagrado. Seguimos siendo humanos. Pero aquí se prueba la fuerza y la energía del consagrado. Cuando experimentamos nuestra propia pequeñez y sentimos la debilidad ante tan grande como lo es el llamado de Dios.

En todo esto se muestra que Dios elige a personas débiles para enseñar a los fuertes. Así y solo así el consagrado podrá comprender las necesidades y los pecados de quien sufre por raíz de su pecado. El consagrado que experimenta su propia limitación y sabe tocar fondo, o por iniciativa propia o por iniciativa de Dios que lo ha llevado a tocar fondo de su propio pecado, podrá comprender el dolor del pecado producido en el hombre. Ya no funcionan el consagrado perfecto y sin mancha, sino aquel que lucha por ser santo y  ama con generosidad.

Solo así es capaz de comprender a los demás cuando tocan fondo porque él ha tocado fondo ya.

Así el consagrado o el sacerdote se convierte en un transmisor viviente de la misericordia de Dios. Ya no solo lo será de palabras, sino de hechos. Un hombre que es generoso y entregado a los demás, porque ya ha experimentado su propia limitación.

Así y solo así no se cae en el miedo que el papa Francisco ha advertido, el ser sacerdote estático y sin dinamismo. No el sacerdote o la persona consagrada es tomada de entre los hombres para servir a los hombres. Para servir y ofrecer sacrificio por sus propios pecados y por los del mundo.

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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