La elección de Dios

Desde toda la historia de la salvación Dios siempre se ha hecho presente en la historia del hombre. Nunca lo ha dejado sólo. Ha caminado a su lado y lo ha hecho ir por el camino recto corrigiendo muchas veces sus errores por ministerio de los profetas, pero también haciéndole partícipe de muchas alegrías. Bastaría sólo recordar algo de la historia de Israel en el Antiguo Testamento. Dios ha caminado con su pueblo y ha sido fiel.

Si nos paramos a pensar en esto, tendríamos que preguntarnos: ¿Cómo lo ha hecho? Lo hizo por medio de los profetas y de hombres a los cuales no sólo les ha acompañado, sino en los momentos más difíciles de la vida del pueblo de Dios, el hombre de Dios ha estado allí representándolo.

Se podría recordar a muchos, como, por ejemplo: Abrahán «Deja tu tierra y ve a donde yo te indicaré» (Gn 12, 1), Josué «¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el SEÑOR tu Dios te acompañará dondequiera que vayas» (Jos 1,9), Isaías «A quién enviaré, quién ira de nuestra parte» (Is. 6,1…), Jeremías «No tengas miedo, yo estoy contigo» (Jr. 1, 4…) y así si continuamos encontraremos verdaderas historias de amor y en especial historias de fidelidad de parte de Dios para con el elegido. San Pablo lo expresa muy bien en su carta: «Dios siempre cumple sus promesas, y él es quien los llamó a vivir en unión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor».

A lo largo de la vida del que es llamado al sacerdocio nunca se sentirá completamente solo. Al contrario, buscará siempre algo profundo. Es el dulce recuerdo de Dios. El llamado es cierto sentirá miedo o incluso habrá días en que se sentirá abandonado, pero en el fondo sabe que no es así. Sabe que siempre aquel que le llamó le acompaña.

La soledad del llamado al sacerdocio

Es un tema ampliamente tratando en los documentos de la Iglesia de estos últimos años. La necesidad de que el llamado al sacerdocio se sienta en plenitud con el llamado que Dios le ha dado e incluso el llamado que él ha elegido como propio.

¿Cómo tratar la soledad? Los documentos son claves para entenderlo. Es cierto que el sacerdote no tendrá hijos carnales o descendencia, pero su corazón, como el de todo hombre, está llamado a la plenitud en la paternidad.

Se nos plantea un problema, ¿cómo pude el sacerdote ser padre y célibe a la ve? La respuesta la da Cristo en el evangelio cuando dice que algunos eligen ser célibes por el Reino de los cielos.

El sacerdote está llamado a ser Padre mediante la paternidad espiritual. Por esto el pueblo santo de Dios, con su sabiduría sencilla, pero profunda les llama “padres”. Y lo son en verdad. El sacerdote ya no solo tendrá 3 o 4 hijos, no. Tendrá muchísimos hijos espirituales por los cuales se sabrá sacrificar y orar por ellos.

Uno podría quizás decir, pero no es lo mismo. Sí no lo mismo, porque trasciende la verdad paternidad. El padre que educa a sus hijos en la fe y les enseña a caminar el camino del bien y de la salvación.

Así el sacerdote nunca estará solo. Siempre se sabe pleno porque es, ante todo, hijo y Padre. Padre porque tiene hijos que ven en el no solo a alguien en quien pueden confiar, sino aquella persona que es capaz de morir dando la vida por aquellos hijos que le son encomendadas.

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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