La espiritualidad de la cruz

Es curioso. Un día después en el que se celebra el nacimiento del Señor según la carne mortal, se celebre otro nacimiento, el de San Esteban. Un nacimiento, no en la carne, pero si en el Espíritu. Él reencarna lo que Jesús dijo a Nicodemo: «Quien no nace de nuevo…».

Hoy en día, ¿Qué sentido tiene celebrarlo? Parecería un contrasentido: Alegría – sufrimiento. En realidad, los dos acontecimientos son de alegría.

El primero Jesús trae la esperanza y la victoria de salvación para el género humano. Sobre el demonio que, con victoria en Adán, se había declarado dueño y señor de este mundo. Ha nacido el verdadero Rey. El que todos los profetas habían anunciado y muchos fueron callado por este anuncio. El segundo algunos años después el acontecimiento de la alegría de San Esteban al entrar en el Reino de Dios.

Alegría que se manifiesta en tres aspectos:

1. La visión: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.» (Hch. 7,56). Sabe que la verdadera gloria es la que le espera con la entrega de su joven vida. «vieron su rostro como el rostro de un ángel» (Hch.6,15).

2. Alegría: que se manifiesta en la valentía de darlo todo por Cristo. Por denunciar los que nadie se atreves a hacer: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros!» (Hch. 7,51). Sabe que el profeta no solo anuncia no solo con palabras, sino con el testimonio. No solo con la alegría con las verdades, sino con la alegría de perdonar.

Esta es la segunda, la alegría del mártir. Perdona a quien lo persigue colocando en sus labios las mismas palabras de su maestro: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» (Hch. 7,60). El martirio comprendido así, no es sufrimiento, es la alegría del sufrimiento.

3. Esteban es capaz de mostrarnos que, como mártir, sabe lo que hace y por quién lo hace. El relato del martirio en los Hecho de los Apóstoles no solo recalca el martirio, sino el papel del joven Saulo y al final termina diciendo: «Saulo aprobaba su muerte» (Hch. 8,1)

El mártir sabe que con su sangre no es sólo con testimonio de fidelidad, sino a tendrá fruto. Como lo dice el San Efrén en su homilía: «Esteban salvó a Saulo con su oración». Fruto del martirio de Esteban es la conversión de Saulo. El mismo a lo largo de su vida y en sus escritos lo recalca: «perseguí a la Iglesia de Cristo» (1Co. 15,9) «soy como un aborto» (1Co.15,8) Pero en su vida a pesar de sus errores, manifestó amor y fidelidad a Cristo entregando su vida por aquel que «lo amó y se entró por mí» (Gal.2, 20b). En él se cumplió lo que dijo nuestro Señor: «se le perdona mucho porque ha amado mucho» (Lc.7,46). El último de los frutos de la alegría del mártir es la conversión y salvación de muchos.

Del corazón surge una pregunta: ¿Hoy qué me enseña a mí la fiesta de estos mártires de hace muchos años? Claro. Nos enseña tanto. Hoy también los cristianos perseguidos nos pueden dar grandes lecciones. Hoy San esteban y como él los mártires nos enseñan a voltear la mirada al cielo y mueren por el sagrado nombre de Jesús en su mente y en su boca. Son cristianos que no se toman su fe como un acto secundario de su vida.

Ante estos ejemplos, vale la pena preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo como cristiano? ¿cómo puedo yo hacer como cristiano hoy? ¿Soy cristiano de verdad, soy consciente de los que significa llevar tal nombre?

Hoy la Iglesia también es perseguida. Es criticada y muchas veces martirizada, quizás nos con un martirio consumado, pero si en actos que limitan su actuar y decir por una persecución silenciosa pero veras. Parece estar en la mirar de un gran francotirador. Algunos solo esperan que el papa o los obispos digan, escriban o hagan algo para caer en la crítica. Es un nuevo tipo de martirio. Lo lastimosos es que también se da dentro de la misma Iglesia. Cristianos que suelen decir: «Soy católico, pero no fanático».

La Iglesia sufre, hoy es bueno pesar como san León Magno nos invita: «cristiano toma conciencia de tu dignidad de cristiano. Recuerda de que cabeza y de cuerpo eres miembro». Que la alegría de San Estaban nos dé testimonio y nos estimule a darlo todo por Cristo. A atrevernos a ser mártires con el testimonio de una vida cristiana vivida con todas sus consecuencias. Todo por Cristo y por su Iglesia.

 

Original publicado en El Blog de la fe

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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