¿Por qué mirar las piedras del camino? ¿Por qué no ser santo?

Hace unos días mi confesor me decía “porque mira las piedras del camino” y me advirtió de este grave error. Quedarse solo en los defectos. Lo que cumplí o lo que no cumplí, sin mirar hacia arriba. Siempre mirando las cosas de la tierra sin prestar atención a lo importante es que escuchar lo que Dios quiere se nosotros en el cielo.

Esta reflexión esta guiada en esta línea, a reflexionar en por qué no quedamos tantas veces en los defectos olvidándonos de las cosas que son verdaderamente importante. Esta actitud tiene graves consecuencias en nuestra vida espiritual y social, nos somos capaces de mirar más allá del yo.

No sé si Ud., pero cuando yo estaba en mis clases de catecismo con vista a mi primera comunión esta frase que, ahora mirando un poco hacia atrás la recuerdo con muchas frecuencias, “la vocación del cristiano es la santidad” algunas veces se me ha olvidado. Es normal. Nuestra vida muchas veces está llena de cosas, reuniones, familia, compras, deudas…Así pues tomando en cuenta esta premisa básica del catecismo, llevare esta reflexión con el fin de mostrar como los defectos nos pueden llegar a Dios. Es como el arte de aprovechar nuestros defectos.

¿Ud., ha pensado alguna vez en ser santo? Algunos me dirán, sí. Otros: “yo santo, padre si me conociera no me diría esto” Pues yo le digo que sí. Ud., puede ser santo o santa. Le muestro cómo.

Quizás dentro de su vida ha oído hablar de San Agustín. Es un gran santo padre de la Iglesia, teólogo e importante filósofos de los inicios de la era cristiana en el imperio Romano de occidente. Fue como todos o incluso como algunos de nosotros pecador y lleno de defectos antes e incluso en los primeros años de la conversión.

Dios puso en su corazón un deseo ardiente de algo más. De conocer la verdad. Su búsqueda n muchos sentidos lo llevó por caminos muchas veces equivocados buscando llenar ese vacío que tenía en su corazón.

Buscó y buscó, pero gracias a las oraciones de su mamá Santa Mónica que le presentó a su padre espiritual San Ambrosio de Milán. Este lo guio por el camino hacia el encuentro con la verdadera felicidad y el camino para llenar ese vacío que tanto buscaba llenar.

Hasta aquí la parte bonita. Ahora comencemos a contar como a pesar de haber encontrado a Cristo, él estaba tan arraigado en los vicios y al pecado que le costaba aceptar muchas cosas, como por ejemplo él porque del celibato. Solía decir, en su libro de las confesiones, “Señor hazme casto, pero mañana” así estuvo hasta que con la ayuda de Dios comprendió que debía cambiar. Un días nuestro Señor lo llamó y le dijo “toma y lee”, encontrando con la parte de la carta de San Pablo donde dice que no es en la lujuria…

Se animó y se dijo si otros han sido santos, ¿Cómo no puedo yo ser santo? Se animó, tomó sus defectos y los ofreció a Dios. Al final de su vida cuando escribe sus confesiones el mismo dirá en su obra “¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! (cero te amavi…). Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz.” (Las confesiones, Libro X, N° 38)

Un segundo ejemplo de aprovechamiento de los propios defectos los hayamos en una santa del siglo XIX. Santa Teresita del Niño Jesús, virgen carmelita y doctora de la Iglesia.

Esto quiere decir que la Iglesia avala sus enseñanzas como dignas de ser imitadas. Ella en su autobiografía, se define un imperfecta “mi gloria quedaría oculta a los ojos de los mortales, y que consistiría en llegar a ser una gran Santa… Este deseo podría parecer temerario, teniendo en cuenta lo débil e imperfecta que yo era –y aún lo soy ahora, después de siete años vividos en religión–. No obstante, sigo sintiendo hoy la misma confianza audaz de llegar a ser una gran Santa, pues no me apoyo en mis méritos –no tengo ninguno–, sino en Aquél que es la Virtud y la misma Santidad. El solo, contentándose con mis débiles esfuerzos, me elevará hasta sí, y colmándome de sus méritos infinitos, me hará Santa» (IV,32r; subrayados suyos).”, que le costaba hacer las cosas con pureza de intención y que era muy poco humilde en aceptar sus propios defectos.

Una frase que a mí me ha ayudado mucho es “« Quiero ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que seas Tú mismo mi santidad » (Acto de ofrenda). En esto consiste la verdadera santidad. La santidad no es no tener defecto, si fuera así no habría santo, pues lo santos ellos mismo se consideraban los más imperfecto. Así que Ud. y yo tenemos esperanzas de ser santos.

A ella le sirvió según su doctrina espiritual por la cual se ganó ser doctora de la Iglesia, decía que para llegar a ser santa hay que tener un elevado el de la pequeñez.

Por ultimo en un libro de un autor sacerdote español ya fallecido cuyos escritos son muy bonitos y ya es la segunda vez que lo leo, se trata del P. José María Garcia. En su libro de texto del él dice:

“ser santos no es ser perfectos, ser santos muchas veces lo confundimos con no tener defectos y no es así. Un santo es un hombre de pelos en el pecho, que ríe, que llora, que se enoja. Ser santo es el que realmente quiere ser santo.”

Además, tiene textos hermosísimos como “para ser santo cada mañana al levantarnos decirnos: Señor yo quiero ser santo, Señor yo debo ser santo, Señor yo puedo ser santo”

Le pongo algunos consejos que él da:

  1. Cada mañana y también cada vez que comentemos un error decir NUNC COEPI que significa “Ahora vuelvo a comenzar”
  2. Hay que ser santo ahí en las cosas cotidianas. En lo que hacemos todos los días.
  3. Ser santo es querer ser santo. Si uno lo desea va a actuar para alcanzar ser santo.
  4. Confianza en DIOS y cercanía de MARÍA.

Deseemos, pues ser santo como Cristo es santo y nuestro padre Dios es santo. El ora por nosotros y nos ha ido a preparar una habitación el en cielo. Le vamos s dejar con la habitación preparada y no ir a encontrarlo. No. Animo seamos verdaderos santos en los normal y aprovechemos que somos débiles e inconstante en la fe y que esta debilidad nos acerque más al corazón de Cristo.

 

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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