El señor conoce todo lo que llevamos dentro. Conoce las debilidades, los defectos y las caídas, pero aún más importante el conoce lo mucho que le intentamos cada día amar.

Hoy en esta reflexión recorreré los caminos de un joven corazón que busca a amar y entregarse cada día sin tener miedo.  Un corazón de un joven que entra en el seminario que no busca hacer grandes cosas, sino lo único que desea es ser un consagrado fiel toda su vida.

Así comienza esta historia desde la oscuridad de un corazón que lloraba, porque abandonó a su único amor. Comienza una historia de alegrías y de tristezas, donde lo único que interesa amar a aquel que le ha llamado.

El corazón de un seminarista se encuentra todos los días emocionado porque encuentra en los deseos de vida y en especial, encuentra en su vocación cosas nuevas. Él busca con el corazón y la mente, no solo amar el hoy de sus días en el seminario entregándose a los estudios, sino que los tiene también pensando en las personas que le esperan cuando ya sea sacerdote.

Y sacerdote no solo busca en si la realización de sus ideales de juventud, sino que busca darlos con valor a los demás. Ser sacerdote es una carrera donde el que corre no es el llamado, sino que es el mismo Dios que lo ha elegido.

Ser sacerdote es entregarse por completo y con amor ardiente a las actividades en bien de los demás sin esperar jamás ser recompensado.

No espera nada y los da todo. El corazón sacerdotal que sabe ser generoso aun en el cansancio diario y aun cuando no encuentra siempre sentido a lo que hace, sabe ser feliz, porque desea ser fiel a la llamada depositada en él.

Si hoy un joven piensa en entrar en el seminario no solo lo hace porque sintió la noción del Espíritu Santo, sino que lo hace porque en su corazón sabe ser generoso y viendo el ejemplo de otro sacerdote se siente atraído a una vida más confiada.

¿Quién de nosotros alguna vez no ha visto a un sacerdote cansado y sin ánimos? Todos alguna vez hemos experimentado que el sacerdote es débil, que se cansa, que tiene miedos, que siente temores.

Es completamente normal. Los sacerdotes son hombres. Elegidos de Dios, pero hombres que días con día tiene que luchar como cualquier cristiano para ser fiel al llamado y fiel a los que ha profesado el día de su entrada en el seminario y el día de su ordenación.

Un sacerdote es un regalo que nadie puede asignarse así mismo si Dios no lo ha llamado. Es un hombre elegido de entre los hombres para servir a los hombres.

 

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Cursó estudios universitarios en la Universidad Latina de Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México caminándolo en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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