¿Qué nos enseñan las personas virgenes a la Iglesia?

Clave de lectura del seguimiento de Cristo en medio de cualquier dificultad

¿Qué nos enseñan las personas virgenes a la Iglesia? Es una pregunta importante. Pongámos el ejemplo de una de las mártires más invocadas en el campo de la castidad en Santa Inés. Ella una virgen de tan solo 14 años se esmeró por ser de su divino esposo siempre. La tradición cuenta que renegó de una pretensión del hijo del gobernador de la ciudad de desposarla porque ya estaba casada con uno más fuerte que los príncipes de este mundo.

Ella coronó su vida prefiriendo el martirio antes que violar el pacto que había hecho con Jesucristo y con su negación a ofrecer sacrificios a dioses paganos. Su virginidad nos muestra un alma llena de deseos de pertenencia a alguien. Deseos que la llevan a elegir la palma del martirio porque tenía la certeza de que solo Dios que la sedujo le daría un premio más grande. Pero, ¿Qué nos enseña Santa Inés?

La lectura de las laudes para su fiesta nos dice: “que las vírgenes elijen a Cristo como verdadero esposo” “deseo estar solo con Cristo” Este en un gran misterio.

¿Cómo es hoy?

Hoy en día este es un lenguaje muy difícil de hacer comprender a las personas. Ellas se preguntan: ¿cómo es posible que existan hombre y mujeres que eligen ser vírgenes por el Reino de los Cielos?

En realidad, para el que no tiene los ojos de la fe es muy difícil. No comprende. Está cerrado en una visión puramente naturalista de la sexualidad humana olvidando el fin principal: amar. El don de la virginidad para quien ha elegido ser virgen es el mayor regalo que hace a Dios y a la Iglesia. No renuncia a ser padre, es padre en plenitud, porque desarrolla el verdadero sentido de la paternidad: amar.

La mujer que elige la virginidad y renuncia al matrimonio, no lo hace porque no encuentra alguien, lo hace, porque ha descubierto ese alguien con quien pude desarrollar su llamado a ser madre en plenitud. La maternidad consagrada se desarrolla con la entrega total. Con el don de sí misma a los demás. Así tanto el matrimonio y la unión conyugal está destinada al amor. Los que eligen la virginidad están llamados a desarrollar una vocación más profunda al amor.

Un virgen. Una virgen por el Reino de los cielos repite con gozo en su vida diaria:

“me has llamado a desposarme en un lecho nupcial. Me invitas a ser libre de vanidad. Quieres compartir conmigo la pobreza del pesebre, la pureza virginal y la obediencia de la cruz”.

Este es el gran fin de la virginidad consagrada, amar. El amor convertido en gerundio, es decir, con un corazón indiviso indivisum in se. AMAR DE VERDAD. No olvidemos rezar por ellos y animarles a ser fieles a la vocación tan grande que han recibido.

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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