Señor, ¿a dónde dirijo mis pasos?

Cuando el hombre se encuentra con Dios experimenta lo que muchos conversos sienten a inicio de su camino con Dios. Quieren cambiar de vida o buscan adecuar su nuevo llamado con lo que Dios les pide. El trabajo no es fácil. Es cuestión de perseverar o seguir en la misma vida de antes.

Por eso como hijos de Dios tenemos dificultad como religiosos, como religiosos o como laicos y nos preguntamos: “¿Estoy viviendo en verdad lo que Dios quiere de mí? En base de esto me gustaría desarrollar esta reflexión.

Hace unos días estaba escuchando una canción. Se llama Desastre de Ambriox Padilla. En ella se narra la historia de un hombre que en oración le dice a Dios la situación de soledad y de desesperación en el que se encuentra. Al final dice que no sabe qué hacer y dice: “es que soy un desastre”.

Porque narro esto. Es hermoso recordar el comienzo de la canción. “ahora que a solas estoy contigo y que más nadie puede ver mi vida”. Las palabras del joven salen desde lo profundo de su corazón. Es la voz del corazón que siente en si la incoherencia de la vida y busca arreglarla siguiendo al Señor. O quizás es la voz de quien siguiendo al Señor se siente débil porque no está al nivel del llamado que el Señor le ha hecho.

El hombre es un ser que fácilmente se acostumbra de las cosas. Se convierte y sigue el camino, pero se olvida de la inocencia de la sencillez del seguimiento del Señor. Fácilmente nos solemos llenar de cosas y nos olvidamos de lo esencial o lo hacemos, no por el hecho de amar, sino por poner una marca de hecho a las exigencias del seguimiento de Jesús.

Esto lo experimentamos a todos. Todos al inicio del camino sentimos las cosas como lo más bello o incluso como lo más feliz. Claro lo es. Dios necesita de estos momentos para enamorar al alma para que tome fuerzas para lo que sigue. Lo hace en así en todo e incluso en muchos santos. Pero he aquí que Dios quita el caramelo de la boca del niño y lo que antes era dulce ahora a amargo o rutinario.

¿Qué ha sucedido? ¿Dios no ha dejado de amar? No. Al contrario, nos purifica. Es un periodo que los buscan la voluntad de Dios siente. El hombre se distrae en los momentos de piedad, se distrae en la misa, ya no tiene el tiempo que tenía antes, ya la emoción de la conversión cambio. Ahora el deseo del apostolado nos ahoga, ahora el hacer cosas nos consume (reuniones, citas, correo…) ya poco a poco nos vamos dando cuenta que hemos ido cambiando y que no somos iguales.

Es aquí donde entra lo que hemos acumulado en los años de la conversión. Es aquí donde ya no decimos lo quiero, porque me resulta fácil, sino porque me siento feliz mostrándole en esto que le amo. Es aquí donde se reconoce lo que somos y pedimos perdón por lo las veces que nos hemos equivocado. Requiere humildad y despojo de sí para dejar que el amor ya no solo actué como base de todo, sino que el amor responda al amor.

No demos asustarnos de esto. Es normal. Lo que nos ayudara mucho es saber dialogarlo con tiempo y orarlo con nuestro Señor. Estar ahí y solo decirle Silentium meum tibi loquitur Domine. Ahora hay que ser muy sincero con nosotros mismo y analizarnos con frecuencia sobre nuestra respuesta concreta al amor de Dios y a la gracia de la conversión. Si pudiéramos dar un medio, es difícil porque cada alma tiene un camino de unión y cercanía con Dios. El medio sería, ORACIÓN. Orar, orar y orar. Quien ora indiscutiblemente se sabe necesitado de más y jamás será mediocre en su entrega. El que ora es capaz de reconocer su error, caer al suelo y levantarse con nuevas fuerzas para seguir el camino que Dios le ha marcado.

Oremos para que Dios nos diga: “una cosa tengo contra ti, haz olvidado el amor primero”.

José Luis Martínez, L.C.

Religioso Legionario de Cristo. Nació en la ciudad de Santiago de Veraguas, Panamá. Ingresó a la congregación en junio de 2013.
Hizo su noviciado en Monterrey, México culminando en agosto de 2015. Realizó estudios en Humanístico y letras clásica en la Universidad Anahuac Puebla, México.
Cursa ahora Bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Además cursa un Master en Ciencia y fe en el mismo Ateneo.

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